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miércoles, 13 de febrero de 2013

UN ABRAZO PARA TÍ


           Llevamos unos días que no paramos de hacer cosas extraordinarias:  que si el día  de la paz, que si carnaval, que si el entierro de la sardina y mañana el día del amor y de la amistad. Son dos bonitas palabras. Mañana trabajaremos estos dos conceptos mediante el repaso y fomento de valores y gestos tan esenciales como son el cariño, la lealtad, besar, dar abrazos, ser buenos  compañeros/as, ayudar, etc... en definitiva un repaso a las habilidades sociales que ya trabajamos en el día de la paz y que tan bien nos vienen siempre.

              He encontrado en internet de autor descocido esta bonita poesía que no me he podido resistir a compartirla con vosotros/as. 





"EL ÁRBOL DE LA AMISTAD"

Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices
por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.
Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar,
más otras apenas vemos entre un paso y otro.
A todas las llamamos amigos. Hay muchas clases de ellos.

Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos.
El primero que nace del brote es nuestro amigo papá y nuestra amiga mamá,
que nos muestra lo que es la vida.
Después vienen los amigos hermanos,
con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.
Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

Más el destino nos presenta a otros amigos,
aquellos que no esperábamos que se cruzaran en nuestro camino.
A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, del corazón.
Son sinceros, son verdaderos.
Saben cuando  estamos bien, saben lo que nos hace feliz.

Y a veces uno de esos amigos  es como una estrella,
le da brillo a nuestros ojos,  y aunque no lo
Veamos sabemos que ahí está.
Más también hay de aquellos amigos por un tiempo,
tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas.
Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro,
durante el tiempo que estén cerca.

Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes,
aquellos que están en la punta de las ramas
y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.
El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas,
algunas nacen en otra primavera y otras permanecen por muchas estaciones.

Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría.
Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

Te deseo, hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad.
Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única.
Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros.

Habrá de los que se llevarán mucho,
pero, también, nos dejaran algo o quizá todo.
Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida
y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.

(Autor desconocido)





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